¿Te quejas o aprendes?

¿Te quejas o aprendes?

2020, el año de ponerlo todo patas arriba. De cuando parece que todo se desajusta, incluso se rompe, y al mismo tiempo se reordena. No nos queda otra que pasar por el tubo, hacer de tripas corazón y seguir poniendo un pie delante del otro. (Cuánta metáfora.)

Cada día suma, sea bueno o malo. Aunque, ¿qué es ‘bueno’ o ‘malo’? Depende.

¿Que de todo se aprende? No. Sólo se aprende de aquello de lo que quieras aprender.

Los problemas seguirán apareciendo. Podemos optar por anclarnos en la queja y la culpabilidad o ver qué oportunidades trae y seguir caminando con la lección bajo el brazo. Analizar, procesar y aceptar. Cuando aceptas, sueltas.

¿Da miedo soltar? Claro, porque no sabemos qué viene después, y la incertidumbre nos asusta un poco. Pero ya sabemos que aunque la zona de confort mola mucho porque es como ese sofá súper cómodo que ya tiene la forma de tu cuerpo, acaba doliéndote la espalda igualmente si pasas mucho tiempo espachurrad@ ahí. También sabemos que el valiente no es el que no tiene miedo, sino el que aún teniéndolo sigue caminando. Y la satisfacción del día después no tiene precio. Salga bien o mal. ‘Bien’ o ‘mal’, que volvemos al principio otra vez.

Te animo a que lo pruebes: a que si chirría lo sueltes, a que si duele lo transformes hasta que en vez de retenerte, te impulse para que el día de mañana seas mejor que hoy. Que a soltar también se aprende. Quejarse ayuda a desahogarse y liberar tensión, pero no a avanzar.

El ayer no se puede cambiar, el mañana es desconocido, pero sobre el hoy aún puedes actuar. Y ese hoy define tu mañana. ¿En eso estamos de acuerdo, no?

“Tienes que luchar por aquello que quieres.” Buf, no ‘luches’, prefiero que fluyas, que así se sufre menos. Luchar cansa mucho.

Haz que merezca la pena, o mejor, que merezca la ‘alegría’. (Frase robada pero me gusta mucho.)

¿Tienes planes o sueños? Pues escríbelos, traza un plan y pasa a la acción. Sí, incluso con miedito, que se nos va la vida. Que el momento perfecto a lo mejor llega, pero a lo mejor no. Pero sí hay un momento que seguro llega: el momento AHORA.

Tú decides si te suma o te resta. O si te divide o te multiplica, que me gusta más.