En lo específico está la solución

En lo específico está la solución.

Pocas cosas me desesperan más que un bebé llorando. Y no por la intensidad del llanto, que también, sino por desconocer qué es lo que está pidiendo y por lo tanto no saber cómo ayudarle. Puede tener sueño, hambre, cólicos o querer que lo lleve con su madre. Ve probando a ver si aciertas.

Lo mismo me ocurre cuando alguien me dice “Estoy mal”. Mi reacción inmediata es “¿Qué te ocurre exactamente?” y así intentar averiguar sus necesidades. “Si averiguo sus necesidades, sabré como ayudar”, me digo. Porque ahí hay infinidad de posibilidades de nuevo: puede dolerle la cabeza, la espalda, un pie, tener hambre, estar cansada, enfadada, triste… Y tomarte una aspirina cuando estás triste, creo que no sirve de mucho.

No podemos ponerle solución a un problema difuso, impreciso, ya que no sabemos por dónde empezar a resolver. Podemos ir a tientas y a ver si la suerte nos acompaña, pero por mejor arquero que seas será muy difícil que hagas diana si estás a oscuras. Mejor enciende la luz y apunta al centro.

Esto ocurre ante cualquier situación incómoda, sea externa o interna. Ojo, que he dicho interna también. Identificar lo que uno mismo piensa y siente es el primer paso, además de ser imprescindible, para diseñar el remedio, tu remedio. Y cuánto más específicos seamos, más clara veremos la salida.

“¿Y cómo puedo ser más específico?”, me dirás. Pues preguntando(te). Tomando(te) un tiempo para detallar lo que (te) está ocurriendo. No te conformes con el “Estoy bien/mal” y ya. Un bebé sólo sabe llorar, pero tú sabes hablar y puedes describir con palabras lo que sientes y piensas para poder aclarar y resolver.

Indaga, precisa, especifica. Y ahí encontrarás la solución.