Infieles.

Infieles.

«¿Por qué la estás mirando?», «¿Te gusta más que yo o qué?», «¿Quién te escribe y para qué?», entre otras muchas…

Los celos suelen ser un tema de discusión en las parejas. Discusiones que pueden, desgraciadamente, llevar a comportamientos muy poco agradables (por ser diplomática).

Asociamos los celos a la atención que tu pareja (o no pareja) puede estar prestándole a alguien que no seas tú. Una atención que tú querrías solo para ti pero la está recibiendo otra persona. Para algunxs, una simple mirada puede ser ya una razón de peso para esos celos, y para otrxs no aparecen hasta que, por ejemplo, hay sexo de por medio.

Ese nivel variable de sensibilidad o tolerancia (voy a llamarlo así) depende de cada persona: de su carácter, de sus creencias, de su cultura,… incluso de la pareja en concreto, pero los celos siempre se manifiestan cuando «eso que esa persona está teniendo es mío», «a mi pareja solo puedo tocarla yo».

No quiero entrar en el debate de si los celos con buenos o no, infundados o no, pero sí en esa especie de necesidad de propiedad que tenemos con nuestras parejas, y sobre todo con su cuerpo: «es mío».

¿De dónde viene esta posesión? ¿Por qué nos preocupa tanto la exclusividad sexual?

Sin duda lo hemos aprendido de nuestra cultura, y viene de muchas generaciones atrás.

¿El origen? La voluntad de ciertos líderes por dirigir y controlar a la población y sus descendientes.

Me explico: ¿Para que se instauró el matrimonio? Para que, cuando llegara un bebé, se pudiera asignar fácilmente la etiqueta de «papá» a alguien para que se ocupase de ese nuevo individuo. Es bastante sencillo saber quién es la madre de un recién nacido pero no el padre, así que el matrimonio fue una forma oficial e indiscutible de determinar quién le dará su apellido al retoño, quién le dejará su legado, quién tendrá la obligación de procurarle una buena vida, etc.

Pero claro, para asegurarse de que ese «papá» sea de verdad el padre biológico de la criatura, las parejas solo podían tener relaciones sexuales dentro del matrimonio. De no ser así se desmontaba el chiringuito, obviamente.

En consecuencia, el sexo se convirtió en algo exclusivo del matrimonio con el objetivo de que los peques que llegaran al mundo tuvieran un padre y una madre oficiales que se hicieran cargo de ellos. Lo que llevó también a que el sexo fuera del matrimonio se castigara. De hecho, se sigue castigando hoy en día.

¿Resultado? Nos hemos acostumbrado a poseer el cuerpo de nuestra pareja, a que su actividad sexual sea solo con nosotrxs, y a protestar si eso no se cumple. Incluso ahora que el matrimonio ya no tiene el mismo significado que es esa época, que hay muchos nuevos modelos de familia, que los conceptos de maternidad y paternidad han evolucionado, seguimos teniendo esos celos tan centrados en la sexualidad, en el cuerpo físico de nuestra pareja.

Pero, ¿para qué seguimos dándole tanta importancia a la exclusividad sexual si supuestamente la pareja es mucho más que sexo? ¿Por qué es una infidelidad acostarse con alguien teniendo una pareja «oficial» aunque solo sea en una noche loca, pero no lo es hablarle de tus preocupaciones más profundas a otra persona? ¿Por qué solo podemos tener una pareja pero muchos amigxs / conocidxs / compañerxs de trabajo, etc.? ¿Por qué estamos aún tan obsesionadxs con el sexo exclusivo pero no nos ocupamos de otras cosas básicas como son la comunicación, la confianza, el respeto, el formar equipo de verdad?

Quizás sea un buen momento para abrir la mente a nuevas opciones, nuevas sensaciones… en definitiva, nuevas maneras de relacionarnos y de crear vínculos. Gracias al universo, ya está pasando.

¿Qué es una infidelidad? ¿Y por qué seguimos siendo ‘infieles’?

¿Tiene que ver solo con el sexo, o con la confianza? ¿O con otra cosa? ¿Es solo un tema de contacto físico, o es que aún no sabemos ni qué queremos, ni sabemos cómo decirlo, y nos incomoda demasiado romper con patrones establecidos?

¿Y si nos diéramos la oportunidad de comunicarnos mejor entre nosotrxs y expresar lo que sentimos realmente sin juzgarnos, dejando de lado creencias y roles heredados? Y a partir de ahí conversar y llegar a un punto de acuerdo entre los implicados.

En otras palabras, ¿y si en vez de dejar que esos celos salgan y nos controlen, en vez de buscar sexo fuera de la pareja y a escondidas fuéramos más valientes e indagáramos en para qué estamos haciendo eso, qué es lo que realmente deseamos y no tenemos, y lo habláramos desde la honestidad? Con esa confianza y complicidad que supuestamente deberían tener las parejas.

¿Conversación incómoda? ¿Creencias difíciles de cambiar? Por supuesto. Pero, ¿y si funciona?